Cuando la ciencia se parece a la magia


  • “...mi cuerpo reposa en el sillón. Tengo los ojos cerrados. Noto el peso de mi cuerpo. Es agradable. Mi respiración se va haciendo más lenta y más profunda mientras una persona habla a mi lado. Dejo de oír los ruidos de la calle y si los oigo, dejan de importarme. Solo escucho esa voz, una voz que va guiando mi atención hacia el estado de relajación y de bienestar que descubro en mi cuerpo o bien, hacia las imágenes que van surgiendo en mi mente. Me encuentro relajado, cómodo, despierto y consciente, de alguna manera más consciente de lo que haya estado antes, pero al tiempo las cosas ocurren sin esfuerzo, como en un sueño. Un sueño lúcido y consciente. Se que en cualquier momento puedo abrir los ojos, que puedo levantarme cuando yo quiera, pero no lo hago, me quedo quieto, disfrutando, aprendiendo...”.
  • “...llevo un rato pedaleando sobre mi bicicleta. Presto atención al movimiento de mis piernas. Dejo que el sube y baja de mis extremidades sea cada vez mas independiente, más automático. Me imagino que estas son como las bielas de una locomotora. Se mueven y se mueven... por sí solas, como en un tren de vapor. Cada vez más fácil. Se mueven por sí solas. Más y más fácil... de forma automática. El cansancio se va, mis piernas se mueven solas y mi mente puede ir a cualquier otro lugar..”.

 

¿En qué se parecen estas dos experiencias?. En la primera se describe una situación clínica habitual, es corriente usar la hipnosis sugestiones de relajación. En la otra un deportista usa la autohipnosis en un momento nada relajante; tiene los ojos abiertos y aprovecha sus capacidades para conseguir un mayor rendimiento y resistencia. Los dos están utilizando procesos hipnóticos, los dos son conscientes de que están respondiendo a las sugestiones. Ambos lo han elegido así y ambos lo hacen de manera natural. Es un caso parecido a cuando respiramos, lo hacemos sin esfuerzo, sin pensar en ello, pero con la confianza de que, si quisiéramos, podríamos retener el aliento o cambiar el ritmo con el que trabajan nuestros pulmones. Desde luego estas imágenes tiene poco que ver con lo que las películas y los espectáculos de mentalismo nos hacen creer cuando dibujan la fantasía de que el hipnotizador tiene unos poderes especiales que nos roban la consciencia y la voluntad.

 

Entonces, ¿de qué estamos hablado?. Hablamos de la capacidad que tenemos las personas de abstraernos de la realidad cotidiana, de la habilidad de influir en nosotros mismos a través de cambios en el pensamiento y en las sensaciones con la ayuda de ciertas técnicas de autocontrol, bien por uno mismo, bien con la guía de un profesional entrenado.

 

La hipnosis puede entenderse como aquel proceso en el que a través de focalizar la atención, el uso de la sugestión, la disociación, la creación de expectativas o de cualquier otra técnica; producen cambios en la atención/desatención de los estímulos (internos o externos) que dan lugar a una potenciación de ciertas respuestas automáticas, una mayor sugestionabilidad y una modificación en el modo en que nuestro cerebro procesa la información. Esto es acompañado de una disminución voluntaria y elegida del pensamiento racional (un “dejarse llevar” por la ideas sugeridas aceptándolas) y con frecuencia, de la sensación subjetiva de haber entrado en un estado de conciencia diferente al habitual.